El pasado 1 de octubre se desarrolló en la sede de 1.001 Associació Catalana de Tintinaires la conferencia y consiguiente charla que Toni Costa dedicó a su pionera obra, “El Diccionario de Tintín”, en sus dos versiones: la original castellana y la versión adaptada a las traducciones en catalán de las aventuras de Tintín. El autor, ante una numerosa y entregada concurrencia, desgranó la génesis y desarrollo de sus obras, publicadas en 1986 y 1987, es decir, en tiempos anteriores a la extensión de la informática doméstica y producto, tanto de su pasión tintinesca, como de un trabajo artesanal en el tratamiento de las imágenes (*). Así, nos explicó cómo contactó con Conchita Zendrera —algo más, como sabemos, que el alma de Tintín en la editorial Juventud— y supo convencerla, desde su entusiasmo, para que lo apoyase en la confección y edición de la obra. Precisamente, el autor explicó que se acababa de jubilar y, desde la tribuna de los años, nos relató cómo recordaba esos tiempos, aparentemente tan lejanos, pero siempre tan cercanos en su mantenida ilusión por la obra de Hergé.
No sería superfluo insistir en el carácter artesanal de la confección, pero sobre todo en el exhaustivo análisis que realizó de los álbumes y de los personajes, el cual dio lugar a un texto que no envejece y resulta de más que agradable y divertida lectura. Esta lectura, en la síntesis de la descripción de los protagonistas, estimula la relectura de la obra de Hergé y da pie a acertados comentarios que actualizan, con una sonrisa, nuestros recuerdos.
Cabe destacar, desde luego, el carácter pionero de la obra en el mundo tintinófilo, no solo en España, donde marcó el inicio de la aparición de obras “sobre Tintín”, sino en el entorno internacional, donde luego se han publicado obras de parecida intención (Cyrille Mozgovine, Philippe Artaud y Robert Gordienne, Renaud Nattiez o Albert Algoud) pero, en mi opinión, nunca con la “gracia” de la obra de Toni Costa.
Porque es, además, la única que permite comparar, después de la publicación de la versión catalana El Diccionari de Tintín, cómo las traducciones pueden llegar a cambiar, en parte, el carácter de una obra. De ahí que, para el análisis de la obra de Hergé, sea tan importante referirse al original francés (**).
Así podemos referirnos —tal como lo hizo el conferenciante— no solo al diferente orden alfabético con el que las diferentes traducciones clasifican las entradas de los diccionarios, sino, incluso, a personajes que no tienen nombre en alguna de ellas. Por ejemplo, el personaje que en la edición original en francés de El Secreto del Unicornio (3-4, 30-31, 56-7, 57-3) se conoce —aunque bien es verdad que muy posteriormente a su aparición en escena— como Barnabé, que aparece descrito como “Le mystérieux homme du Vieux Marché” (Cyrille Mozgovine) que luego, hacia la conclusión, conoceremos era un colaborador de los hermanos Pájaro (Loiseau) que intentaron eliminarlo frente al portal de la casa de Tintín. El Barnabé original se transforma en Bernabeu en la versión catalana de Joaquim Ventalló, pero nunca aparece nombrado en la versión castellana de Zendrera y, por lo tanto, no tiene entrada en el “Diccionario” original. A quienes posean o puedan consultar las diferentes versiones en los tantos idiomas y dialectos publicados, se les presenta una sugestiva tarea comparativa que no puedo dejar de incitar.
Por último, el autor presentó, además de múltiples anécdotas sobre la edición de la obra y su intento de extenderla a otros idiomas y países, una serie de preguntas a la audiencia; por ejemplo, sobre la aparición o repetición de determinados personajes en los diferentes álbumes. Estas preguntas motivaron a los asistentes a rápidas zambullidas en la obra de Hergé, la cual se mostró, otra vez, en su extensa y profunda variedad y vida interior por la que siempre continúa sorprendiendo, algo que, no hace falta decir, entusiasmó a los asistentes.
(*): Extraordinaria, en ese aspecto, la confección por el autor de la portada del libro y sus repercusiones en el exterior.
(**): A este respecto cabe comparar, en las tres desiguales obras recientemente aparecidas en España —las de José Manuel Silva Alcalde, Pablo Luna Cortacans y Bartomeu Castell—, cómo solo el primero se basa en el original en francés, mientras los otros dos, particularmente Castell, utilizan la versión castellana y devalúan, en parte y en mi opinión, el valor de sus análisis.


